martes, septiembre 27, 2005

La torre más alta

La torre, madre, más alta
es la torre de aquel pueblo,
la torre de aquella iglesia
hunde su cruz en el cielo.

Dime, madre, ¿hay otra torre
más alta en el mundo entero?
-Esa torre sólo es alta,
hijo mío, en tu recuerdo.

Tu brazo de siete años
alcanzaba sin esfuerzo
una piedra a sus campanas
-¿Te acuerdas, hijo? -Me acuerdo.

Pero la torre más alta
del mundo, es la de aquel pueblo.

GRACIAS BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO
(Poeta y prosista argentino. Médico. Nacido en Buenos Aires en 1886 y fallecido en 1950 en la misma ciudad.)

Algo II

Se ve que te quise mucho,
se clavo en mí mente,
tu idolatrada imagen.
Apenas te huelo,
apenas te escucho,
apenas te veo,
apenas te siento.
Te pienso en la multitud y esta se desvanece.
Es raro recordar tanto, algo que tan poco recuerdo.
Augusto Bautista Candulo (ABC)

lunes, septiembre 26, 2005

Algo I

Mi afecto, el lustre de tus zapatos de punta,
el rojo parduzco, no así el violeta,
tu ropa con la mía, mis pies y tus uñas,
mi mano y tu cintura, tu cuerpo y mi alma…
¡Preferiría nuestros cuerpos y nuestras almas!
Augusto Bautista Candulo (ABC)

Expreso

Juan llegó al aeropuerto. Era tarde, casi tan tarde como para no despedir a nadie. Debería decir que se sintió culpable, pero en realidad no puedo faltar a la verdad. Se que no se puso mal por no haber podido ver a todos antes que se fueran. A veces la gente prefiere olvidar, inclusive es hasta más fácil. Juan no pudo llegar porque no quiso llegar. El hecho de la demora, lo ayudaba a no echarse culpas y el hecho de no despedirse, lo obligaba a no concluir, a dejar una cuenta pendiente o por lo menos una charla. Pensaba patéticos a los que lloran en las despedidas. Yo también. No patéticos por llorar en si, sino por lo que significa el llanto de niño en un adulto y lo que demuestran las lágrimas, esa triste realidad. No es bueno arrastrarse entre los fuertes débil como un ratón. El no estaba dispuesto a no llorar y encontró la mejor solución para no tener que hacerlo, llegar tarde. Caminó por al aeropuerto desesperado, tratando de no lagrimear, (siendo que ellos se habían ido igual, por mas que el no los haya despedido) buscando un pulóver o una remera de aspecto familiar. Esa búsqueda frenética y arrepentida que termino en nada, como siempre.
Los minutos se hicieron segundos, el reloj se apresuro, haciendo cada vez “más” imposible el encuentro. Siguió caminando entre maletas y viajantes, extranjeros y argentinos. Sobre alfombras de variados colores, sobre pisos fríos, en ambientes tenues y panilumindados. El tic tac, seguía su ritmo acelerado y Juan cada vez pensaba más lento. Mágicamente veía relojes y mas relojes, infinidad de destinos, infinidad de gente. Así paso solo un cuarto de hora, que parecía un minuto o dos o quizás tres. Se hizo larga la despedida de la despedida, al final llevo mas tiempo a Juan llegar tarde que lo que le hubiera llevado llegar temprano.
Ellos ya estarían del otro lado de las compuertas, del lado elite, del lado sin aduana, sin territorio, sin naciones, sin estados, sin ley, sin sábados ni domingos, sin retorno, del lado del abordaje. Ahora el tiempo que jugaba una mala pasada, se había vuelto lento. Los minutos, incalculables, entre la hora en que llego Juan al aeropuerto y el despegue se hacían cada vez más largos. El tiempo tapaba de desesperanza a nuestro amigo Juan, dolorido ante la ineludible realidad de la soledad.
En este momento del cuento es donde debería introducir a nuestra otra amiga, la providencia. Quizás también deba introducir a nuestro viejo amigo el destino, pero ese ya es viejo conocido. La providencia, a partir de la espera del despegue, escribió sus hojas en blanco con un tinte negro. El destino se sirvió de la providencia para lograr ese futuro inmediato, el cual no podía escapar al control que esta ejerce y el cual no podía ser modificado luego de escrito, ya que para eso esta el libro en blanco y para eso esta la providencia. Esta es la parte torturante de los hechos.
Juan seguía impaciente y no hacía otra cosa que caminar en círculos. Estaba atento, para ver si encontraba el avión de su gente. Mientras veía muy por encima las “timetables” como si tuviese algún tipo de habilidad para leer sobre el futuro y aprender sobre el destino. El libro en blanco, el del futuro, tenía tachado en rojo sangre su nombre, plasmado entre los nombres de sus amigos más íntimos. No hay porque temer, solo vemos lo que imaginamos muy “fuerte” o vemos lo que vimos alguna vez.
La búsqueda culmino. Encontró el avión de su gente despegando, cuasi como un águila blanca en el medio de la pista o quizás una montaña. Miro atento el carreteo. Se iban. Era real, ya en tierra solo quedaba apenas apoyada la rueda del artefacto que los llevaría lejos. Lejos para siempre y quizás aun más lejos si analizamos el hecho: Juan no podía pagar un pasaje.
Es obvio que yo no siento pena por Juan. Es un tipo con poca cordura, pero no como para que uno se sienta apenado. Es obvio también, que no termino de entender, como ustedes que leen, que mierda es lo que pasa. Recapitulemos…
Juan fue al aeropuerto a despedir a alguien, llego tarde, podríamos decir que era totalmente conciente que iba a llegar tarde. Seguro que fue porque no le gustaban las despedidas. También sabía que se iba a quedar muy solo. Fue una maniobra de escape. Lo que no sabemos es ¿a donde se iba? ¿Quien se iba? Ni tampoco sabemos el por qué. Eso se lo voy a contar al lector curioso dentro de un rato. Solo se que Juan estaba atemorizado, que la despedida le dolía en el alma y que sentía una mágica e ineludible sensación de soledad.
Juan había juntado dinero y estaba tratando de rajar al exterior, la economía argentina se iba por los caños y la realidad laboral era un desastre. Para nuestro conocido era diferente que para “su gente”, no tenia lo suficiente como para radicarse en el exterior, no le daba el presupuesto. Por eso calculo, que se quedo inmóvil al borde del camino. No era un tipo activo. Pensándolo bien, quizás si era activo, solo que no tan activo como yo. Bueno sin irme por las ramas, Juancito perdió la paciencia y miro el despegue con un dolor en el alma. El carreteo freno el reloj nuevamente y el tuvo tiempo de analizar varias veces lo que estaba pasando, pensó y repensó. Mientras el avión corría hacia la libertad del vuelo, imaginó a su gente sentada, alguno que otro con miedo y alguno que otro con el placer que se siente cuando uno viaja, a mi me gusta viajar. El avión se soltó del suelo, parecía como si lo hubieran arrancado de un tirón.
Ya mirándolo en el aire, Juan sintió de nuevo esa típica sensación de muerte, ese dolor típico de infarto. Lo irreparable de no haber llegado a tiempo a la despedida y lo irreparable de no verlos más. En realidad la posibilidad existía, pero Juan era un pesimista. Pensaba que nunca volverían a visitarlo. Sigo con el dolor típico, la expresión de su malestar afectivo, el dolor del alma manifestado en el cuerpo. El avión se perdía entre las nubes. Juan cerró los ojos y sintió ese olor a viaje de los pasillos, sentado en un asiento mullido, se abstrajo de todo. En realidad, ahora les cuento, Juan “despedía” a su novia.
En un segundo, esos segundos que cuando culminan te cambian la vida, abrió los ojos. El paisaje por la ventanilla se veía espeluznante, intimidante. El Río de la Plata, el cielo tan cerca y la aeromoza de ropas ligeras que le ofrecía champán. Es raro no… Miro alrededor y se vio rodeado de extraños. Miro la puerta de emergencia, corrió hacia ella y se tiro al vacío. Voló metros y metros. Casi incontables los kilómetros casi incontables los días, casi incontable el tiempo. No había relojes, pero estaba seguro que de no volver a ver a su gente, no quería estar vivo. En un arranque de desesperación, atino a agarrarse de todo o de nada. Al tocar el suelo nuevamente, volviendo de sus flashes, miro el avión y vio lo que debía ver, estaba escrito…un estallido feroz culmino con el halcón, ese titán enorme de el cielo. Apretado entre los demás viajeros, camino por el aeropuerto. Emprendió nuevamente esa marcha errática sin destino. Encontró en su camino a un policía de la Guardia Aeronáutica. Tomo su pistola y mirando en el cielo esa bola de fuego, a la que miraba todo el mundo, se disparó en la cabeza.
Quizás nadie le estaba prestando atención, nadie llamo a una ambulancia. Solo minutos después, lo asistió el medico del aeropuerto y solo minutos después murió mirándole la cara a su amada, que había perdido el vuelo, no se imaginaba vivir sin “su gente”.
Augusto Bautista Candulo (ABC)

domingo, septiembre 25, 2005

Más allá del cuadro

En la lejanía se podía divisar un paisaje oscuro lleno de penumbras, tintas de plumas olvidadas de escritores difuntos sobre su propia desesperanza. Arriba, un sol de medianoche eterno gobernaba las lágrimas de los desposeídos e indigentes tirando finamente de un hilo de agua atado a cada uno de sus lagrimales. Así como un espejo roto transmite una parte distorsionada de la realidad, las manos frías de ellos tampoco la perciben del mismo modo que nosotros no percibimos su sol de medianoche. Ellos no estaban muertos, pero la pérdida de la esperanza los mantenía en un estado semejante al de un alma perdida en los limites del tiempo. Atemporal o no, eso parecía ser todo; una eternidad de llanto hacia un sol tormentoso lleno de nubes. Dormidos, jugaban a desenredar la realidad que se les imponía, enredando sus lágrimas hasta quedar tan ajustados que solo podían ver hacia el sol.

sábado, septiembre 24, 2005

Sonatina

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro;
está mudo el teclado de su clave sonoro,
Y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de oriente
La libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los bellos diamantes,
o en el dueño orgullosos de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de oriente, los nelumbos del norte,
del occidente las dalias y las rosas del sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa esta triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

“Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos vencedor de la muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor.”

GRACIAS RUBÉN DARÍO
(Poeta Nicaraguense, nacido en el año 1867 en Metapa, Nicaragua. El 6 de febrero 1916 murió despues de haber sido intervenido quirurgicamente)

jueves, septiembre 15, 2005

GastronomicAmor

Pablo se sentó en la vereda, después de haber estado toda la noche y todo el día intentando cocinar algo rico... en realidad llevaba días cocinando. Soñó con lograr ese sabor que nunca se había probado. Tenía una cita particular. Quizás de esta, dependía su futuro. Pablo siempre fue un buen cocinero y hacia tiempo que quería trabajar en la cocina del HOTEL Z. Su hiperactividad lo potenció a buscar un placer astronómico gastronómico y a ofrecerlo, como se ofrece un hombre a su amada, para conseguir aprobar el examen preocupacional culinario, de la jefa de cocina del hotel en cuestión.

Cocino y cocino e hizo probar a sus amigos las maravillas creadas. Por lo visto uno de los platos era bueno, muy bueno. Todos sus amigos comían contentos pero ¿ella estaría dispuesta a sentir lo mismo que él al comerlo?

Llego el día del examen. Le dieron los ingredientes que ordeno y la cocina del lujoso Hotel Z para trabajar en su manjar. El tiempo acordado era solo de 3 horas. Pablo temblaba. Su mano izquierda debía romper 6 huevos y no lograba acertar el borde del bowl, donde tenía que ponerlos para comenzar la preparación. El cronometro marcaba la primera hora....el tic tac de un reloj grandote y antiguo hacía estragos con su paciencia. Igual había logrado avanzar un poco.
Victoria era hermosa y eso contribuía con esa sensación ridícula del hombre, de doble juicio. Dio al fin con la tranquilidad necesaria. Arremetió contra el destino y cocino de maravilla. Entonces miro el reloj, sonrió, presento el plato y grito: "¡Lo hice, lo completé!". Había utilizado solo la mitad del tiempo. Llego Victoria a juzgar con su paladar la creación. Diva se sentó y pidió al mozo una botella de Saint Felicien Sirah. Investigo primero a simple vista el plato de comida. Puso el puntaje a su aspecto y continuó. Respiro profundamente el aroma a hierbas y se sintió placida. Puso luego 10 puntos en un casillero, de la hoja que llevaba las cuentas. Empezó a comer de a poco sin mezclar lo que había en el plato. Acertó puntajes y puntajes. Lo hizo por última vez y miro a Pablo.

Pablo corrió por el salón al lado de la cocina. Siguió por el Lobby y termino parando un taxi. Nunca escucho el veredicto. Recordó que había olvidado sus cosas en la cocina cuando estaba llegando a su casa, pero ya no quería volver, prefería perderlas. Se sentó en su living y pensó en la situación. Dolido llamó por teléfono a sus amigos que estaban expectantes. De repente sonó el timbre. Pablo abrió la puerta de la planta baja de Ambrosetti 882 y vio a Victoria.
En la escena, el no abre la puerta, se queda inmóvil mirándola a través del vidrio…
-Por favor, abrime. (Le ruega ella con lágrimas en los ojos) No te entiendo!.
-Ya se que fallé. (Perpetúa Pablo en el eco del resonante hall de entrada)

Un vecino abre la puerta y el viento de ese pasillo de luz tenue se lleva el sonido de su voz, quebrada por el abatimiento. Victoria aprovecha y araña el marco para evitar que la puerta se cierre. Pasa la barrera y llega a Pablo, que inmediatamente cierra los ojos. Ella lo besa tiernamente en la boca…

A partir de ese día, Pablo nunca más volvió a cocinar. Quizás ya no tenía ninguna necesidad de conquistar a “alguien”.

Augusto Bautista Candulo (ABC)

miércoles, septiembre 14, 2005

El narrador de nuestra historia de amor...

"Si el narrador omnisciente de nuestra historia de amor,
sintiese cada vez que te toco lo mismo que yo...
Si el te juzgara como yo te juzgo,
Si es que el existe, te viera a través de mis ojos,
Si es que en verdad él piensa que sos lo que yo pienso...
Cada vez estoy más convencido de que es él,
el que esta haciendo de mi un ser totalmente dependiente de tu amor.
Si el es el único individuo a parte de mi que sabe lo que sos en mi vida,
espero que me guarde el secreto.

Por otro lado, si el decide nuestros destinos,
ruego a quien sea que deba, para que nuestro mentor decida no separarnos nunca.
Ruego que te quiera como te quiero desde hoy hasta que se le acabe la vida.
Le imploro que me haga tan importante para vos como lo sos para mí.
Le solicito explícitamente,
que sienta cada vez que me tocas lo mismo que yo al tocarte...
Que me juzgue como yo te juzgo,
que me vea a través de tus ojos,
y que en verdad el piense que soy lo que yo estoy seguro que pienso que sos."

Augusto Bautista Candulo (ABC)