pequeños trozos de mi alma,
partículas enteras,
de un entero destrozado.
Destrozado, derruido y abandonado
fragmentado y rearmado en tus brazos,
recuperado, reencontrado y feliz
encuentro tus labios.
Surgen entonces besos,
de a mitades y enteros.
Bocas frenéticas, como armas,
inundaciones de partículas del alma.
Surgen sonidos como estruendos,
truenos como gotas de lágrimas.
Fuegos que se encienden y apagan,
dolores placenteros que me rearman.
Surgimos nosotros tan raros,
nuevas hipsipilas fundidas
que dejaron esa misma crisálida.
Almas acordes descompaginadas.
Para terminar como siempre,
confirmando el designio…
¡No hay mejor que nosotros,
para vivirnos y armarnos!
Augusto Bautista Candulo (ABC)