jueves, octubre 27, 2005

El amor en cama

Tomarte de las manos tomando nota del momento,
sentirte sintiendo único el contacto,
besarte con la boca amarga y endulzarla en tus besos.

Palparte buscando encender mis manos,
y encendidas ya quemándote el alma,
escucho tu ruego de placer frenando.

Y vuelvo a tocarte pensando fuerte,
se escuchan nuestros gritos y se escucha que siento!
Siento cielo en mis manos siento dolor en los pies.

Se estiran mis dedos en el momento
en que mas fuerte me duele. Sentimos los dos.
Y de nuevo tu boca se acerca frenando.

Es la tercera vez que te toco.
Nos palpamos y de nuevo el fuego
que enciende mi alma y nos enciende a los dos.

Charlamos un rato entre besos y abrazos,
acerco mi boca empezando y pregunto:
-¿Me amas tanto como yo a vos?

Responden tus brazos y contestas no.
Me hecho atrás me arrodillo y espero.
Me atacan tus labios con un:- Te amo mas yo!

Augusto Bautista Candulo (ABC)

viernes, octubre 14, 2005

La sonrisa de Bayonne

En sus calles estrechas, de casitas casi iguales
En sus tejados salpicados de antenas y de palomas
No supo el sol posarse, durante esos cinco días.

Se dice que sin sol no podemos vivir
Pero mucho más difícil es hacerlo sin sonrisas
Sin ellas son oscuras todas las esquinas y calles del alma.

Y no faltaron las sonrisas, que fueron muchas.
Y no faltaron los besos ni las sábanas calientes, que no fueron pocos.
Pero que nunca son suficientes.

GRACIAS PABLO CARDILLO
(Argentino y escritor. Un fornido caballero que esconde en sus palabras "alto poeta"!)

jueves, octubre 06, 2005

Sueños

Esa noche camine juntando piedras por la playa, esperaba encontrar en ellas un dejo de algún alma. Por suerte en invierno nos queda algo de intimidad. La luna llena, las estrellas, el mar inmenso, todo era mío. Mi sombra en la arena fría de la orilla, las luces de la Avenida Costanera, las carpas cuasi desarmadas, los dibujos en las paredes de los balnearios, todo eso hacia que me encantara ir a la playa. Pero más importante era para mí la soledad. Esa soledad de reencuentro con mi vida, con mi realidad inconmensurablemente nativa, increíblemente argentina, alocadamente sensible. El piso de la Capital no me interesaba tanto como la arena. El pavimento de las calles de Buenos Aires ya era mío, en cambio la playa, el mar, seguían siendo de ellos mismos, lo que no me impedía sentir pertenencia. Nadie podría dominarlos. Nunca tuve ganas de dominar ese espacio privilegiado, era su magia y lo intocable que podía llegar a ser lo que me atrapaba de él.
Mire un poco, cada vez mas extasiado. Sentí un poco de nostalgia, por los días de aquellos años, que se movían en mi recuerdo como un maremoto de fotos. Imágenes de mi tiempo costero… mi único tiempo quizás para estar sensible. Continué la marcha, cada vez un poco más rápido, cada vez más loco por llegar a la playita de Entre Ríos. Me saque la ropa en un acto de arrebato, y la acomode al lado de lo que quedaba del mangrullo. Corrí de nuevo a la zona lindante entre mi familia y la soledad de los medanos. Me metí al mar helado, sin importarme de nada. Nadé siempre en esa dirección que aleja del cemento, que acerca a la tranquilidad. No me detuve ni un segundo, pasaron los minutos, pasaron las horas, y seguía nadando. Me sentí fuerte, más fuerte que nunca, más Yo que nunca. Definitivamente ese era mi mar. No había otro en el que pudiera ser tan Todo y Nada. No existía otro lugar para mi tan mágico como ese. El agua de mi playa, esa misma jaula de almas que me visitaba en Barcelona y daba por un segundo a mi exilio en un temblor, la energía que me merecía la distancia, para poder afrontarla. Dejé de remar para pensar bien profundo, pensar bien fuerte. Estaba obnubilado, sentía la energía de la presencia. Arrastre un brazo por debajo del agua y noté que no me demandaba esfuerzo el hecho de flotar…estaba liviano, como el aire, como una pluma, como el cielo, que nunca se cae. Pensé mucho en todo y en todos, me desmoroné en un llanto que refería a mi emoción, a mi tristeza, a mi felicidad. Esa felicidad que tenía por estar ahí, compartiendo todo ese tiempo con una parte de mí, esa parte sumergida, esa parte de mi alma. Deje a un lado dos lagrimas y las vi volar, después entregue dos sonrisas y también se fueron con el viento. Me sumergí por un largo tiempo, en el que no necesitaba respirar. Abrí los ojos y me enfrente a ver. Me llené de energía y estaba listo para volver.
Emprendí el regreso, guiado por mi instinto, ya sin luz, sin ver la costa, nade en dirección correcta, como si un ángel o más me tomaran de los brazos y me llevaran derecho a casa. Salí del mar y me vestí mojado. Caminé por la playa unos metros y salí por mi salida. Entre a "Houses", otro de mis lugares. Subí las escaleras de ese departamento que siempre va a ser mío, y me encontré con mis amigos. Todos me preguntaron que me había pasado y les conté la verdad…
Les dije que caminaba por la playa y que una ola de sentimientos me invadió por un instante y que ese instante se hizo largo. Y que esa ola, me mojo para siempre.
Augusto Bautista Candulo (ABC)
Dedicado a Pablo Cardillo

Ojo al piojo...Carta al lector

Estimados amigos, no tan amigos, desconocidos y algunos etcéteras, que pasean buscando algo interesante:

El blog no muestra todas las publicaciones y archiva las más viejas. Todo esto empezó con una publicación, que a mi juicio es una de mis mejores... NO DEJEN DE VISITAR EL ARCHIVO DE SEPTIEMBRE. Allí pueden encontrar simples sopas de letras con tupé de frases inteligentes como "El narrador de nuestra historia de amor..." y quizás otras más, además de cuentos disimiles y antinaturales con toda naturalidad. Con el correr del tiempo a medida se amplíe el número de publicaciones ya no se verán en el inicio, se verán en los archivos.

Desde ya muchas gracias por leerme, la verdad que posibilitar que a alguien le guste lo que escribo es por demás AGRADABLE.

No duden en “usar” lo que les parezca útil, en decir a la persona que aman algo que encontraron por casualidad acá, en este humilde sitio.
¿De qué sirve escribir si nadie lee lo que uno escribe? Aunque es aún mas fútil escribir si nadie percibe que remuerde el alma en la lectura...que podría demostrar con lo leído algo de la sensación propia...que se puede destinar alguna que otra frase o pequeña "intentada" prosa a la mujer amada, al hombre amado, a esa que no nos ama, a ese que tal vez nos quiere menos...
Siempre para alimentar esa furia de sensibilidad que puede lograr algo tan mágico como la afirmación del amor.
Siempre para alimentarse uno, nutrirse de versos y ciertas pedorretas, que nos pueden llevar a parecer en el final del cuento, una persona mas pulcra en la expresión de la única realidad, esa que sentimos muy fuerte, esa que nos abraza en la penumbra. Esa realidad, la SENSIBILIDAD, da el amor y el odio, la pena y la alegría, el dolor y la fantasía, la frustración y la gloria, el placer y el asco, y así…

Chau y gracias……./un vermú a nuestra salú/

lunes, octubre 03, 2005

Ramón y María

Ramón y María se conocieron y desde ese día supieron que iban a amarse para siempre. Ramón veía en María a la mujer más hermosa del mundo, y María encontraba en Ramón al hombre más sincero y cariñoso de la tierra.
Siempre que se acercaba la hora del encuentro, un torrente de ilusiones corría por sus venas y el corazón parecía salírseles del pecho. Juntos eran invencibles, nada los asustaba; ni el tiempo, ni la muerte; y cuando la luna los sorprendía en la quietud de la noche podía vérselos en algún banco de la plaza del barrio, estrechados en un beso eterno y formando una silueta única. El resto del mundo no existía, ¿para que? Si se tenían el uno al otro.
Un día, de paseo por la costanera, se encontraron de repente abrazados, junto al río, jurándose amor eterno.
Hoy, después de veinte años, ya no están juntos. No se sabe bien que pasó; pero el destino les jugó en contra. Pareciera como que una tormenta de hastío y dolor hubiese caído sobre sus cabezas.
El barrio, y la plaza que los vio juntos, siguen ahí, en algún rincón de la fílcar; pero un chisme, de esos que vuelan como el colibrí, de lengua en lengua; llegó hasta mí y me enteré que: Ramón vive sólo en una pequeña casa junto al mar, rodeado de animales. Nunca volvió a enamorarse, ni pudo olvidar jamás a María. María en cambio se casó, tuvo hijos y se radicó, con su familia, en Tucumán. Ya casi ni lo recuerda, pero íntimamente sabe que un pequeño rincón de su corazón está ocupado, ocupado por un amor perdido en el tiempo. Y en las noches claras y serenas, cierra los ojos y puede distinguir, entre sombras, una silueta; la cual no puede enfocar bien. Pero, como una ola, la invade, por un rato, una inmensa felicidad.
GRACIAS PABLO FERNANDO SCHIRLISKI
(Argentino y macho. Un embajador del buen gusto)

domingo, octubre 02, 2005

A esa, a la que yo quiero

A esa, a la que yo quiero,
no es a la que se da rindiéndose,
a la que se entrega cayendo,
de fatiga, de peso muerto,
como el agua por ley de lluvia.
hacia abajo, presa segura
de la tumba vaga del suelo.
A esa, a la que yo quiero,
es a la que se entrega venciendo,
venciéndose,
desde su libertad saltando
por el ímpetu de la gana,
de la gana de amor, surtida,
surtidor, o garza volante,
o disparada -la saeta-,
sobre su pena victoriosa,
hacia arriba, ganando el cielo.

GRACIAS PEDRO SALINAS
(Poeta español nacido en Madrid en 1891 y fallecido en Boston en 1951)

sábado, octubre 01, 2005

No merece firma...

Cuando digo que estoy BIEN y es real, me recuerdo a mi mismo mintiendo, diciendo que estoy bien cuando realmente estoy mal y me pongo triste y por lo tanto MIENTO.....