jueves, septiembre 15, 2005

GastronomicAmor

Pablo se sentó en la vereda, después de haber estado toda la noche y todo el día intentando cocinar algo rico... en realidad llevaba días cocinando. Soñó con lograr ese sabor que nunca se había probado. Tenía una cita particular. Quizás de esta, dependía su futuro. Pablo siempre fue un buen cocinero y hacia tiempo que quería trabajar en la cocina del HOTEL Z. Su hiperactividad lo potenció a buscar un placer astronómico gastronómico y a ofrecerlo, como se ofrece un hombre a su amada, para conseguir aprobar el examen preocupacional culinario, de la jefa de cocina del hotel en cuestión.

Cocino y cocino e hizo probar a sus amigos las maravillas creadas. Por lo visto uno de los platos era bueno, muy bueno. Todos sus amigos comían contentos pero ¿ella estaría dispuesta a sentir lo mismo que él al comerlo?

Llego el día del examen. Le dieron los ingredientes que ordeno y la cocina del lujoso Hotel Z para trabajar en su manjar. El tiempo acordado era solo de 3 horas. Pablo temblaba. Su mano izquierda debía romper 6 huevos y no lograba acertar el borde del bowl, donde tenía que ponerlos para comenzar la preparación. El cronometro marcaba la primera hora....el tic tac de un reloj grandote y antiguo hacía estragos con su paciencia. Igual había logrado avanzar un poco.
Victoria era hermosa y eso contribuía con esa sensación ridícula del hombre, de doble juicio. Dio al fin con la tranquilidad necesaria. Arremetió contra el destino y cocino de maravilla. Entonces miro el reloj, sonrió, presento el plato y grito: "¡Lo hice, lo completé!". Había utilizado solo la mitad del tiempo. Llego Victoria a juzgar con su paladar la creación. Diva se sentó y pidió al mozo una botella de Saint Felicien Sirah. Investigo primero a simple vista el plato de comida. Puso el puntaje a su aspecto y continuó. Respiro profundamente el aroma a hierbas y se sintió placida. Puso luego 10 puntos en un casillero, de la hoja que llevaba las cuentas. Empezó a comer de a poco sin mezclar lo que había en el plato. Acertó puntajes y puntajes. Lo hizo por última vez y miro a Pablo.

Pablo corrió por el salón al lado de la cocina. Siguió por el Lobby y termino parando un taxi. Nunca escucho el veredicto. Recordó que había olvidado sus cosas en la cocina cuando estaba llegando a su casa, pero ya no quería volver, prefería perderlas. Se sentó en su living y pensó en la situación. Dolido llamó por teléfono a sus amigos que estaban expectantes. De repente sonó el timbre. Pablo abrió la puerta de la planta baja de Ambrosetti 882 y vio a Victoria.
En la escena, el no abre la puerta, se queda inmóvil mirándola a través del vidrio…
-Por favor, abrime. (Le ruega ella con lágrimas en los ojos) No te entiendo!.
-Ya se que fallé. (Perpetúa Pablo en el eco del resonante hall de entrada)

Un vecino abre la puerta y el viento de ese pasillo de luz tenue se lleva el sonido de su voz, quebrada por el abatimiento. Victoria aprovecha y araña el marco para evitar que la puerta se cierre. Pasa la barrera y llega a Pablo, que inmediatamente cierra los ojos. Ella lo besa tiernamente en la boca…

A partir de ese día, Pablo nunca más volvió a cocinar. Quizás ya no tenía ninguna necesidad de conquistar a “alguien”.

Augusto Bautista Candulo (ABC)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Candulo, tu pluma hace maravillas.
Segui convirtiendo los bytes en arte!