Cocino y cocino e hizo probar a sus amigos las maravillas creadas. Por lo visto uno de los platos era bueno, muy bueno. Todos sus amigos comían contentos pero ¿ella estaría dispuesta a sentir lo mismo que él al comerlo?
Llego el día del examen. Le dieron los ingredientes que ordeno y la cocina del lujoso Hotel Z para trabajar en su manjar. El tiempo acordado era solo de 3 horas. Pablo temblaba. Su mano izquierda debía romper 6 huevos y no lograba acertar el borde del bowl, donde tenía que ponerlos para comenzar la preparación. El cronometro marcaba la primera hora....el tic tac de un reloj grandote y antiguo hacía estragos con su paciencia. Igual había logrado avanzar un poco.
Victoria era hermosa y eso contribuía con esa sensación ridícula del hombre, de doble juicio. Dio al fin con la tranquilidad necesaria. Arremetió contra el destino y cocino de maravilla. Entonces miro el reloj, sonrió, presento el plato y grito: "¡Lo hice, lo completé!". Había utilizado solo la mitad del tiempo. Llego Victoria a juzgar con su paladar la creación. Diva se sentó y pidió al mozo una botella de Saint Felicien Sirah. Investigo primero a simple vista el plato de comida. Puso el puntaje a su aspecto y continuó. Respiro profundamente el aroma a hierbas y se sintió placida. Puso luego 10 puntos en un casillero, de la hoja que llevaba las cuentas. Empezó a comer de a poco sin mezclar lo que había en el plato. Acertó puntajes y puntajes. Lo hizo por última vez y miro a Pablo.
Pablo corrió por el salón al lado de la cocina. Siguió por el Lobby y termino parando un taxi. Nunca escucho el veredicto. Recordó que había olvidado sus cosas en la cocina cuando estaba llegando a su casa, pero ya no quería volver, prefería perderlas. Se sentó en su living y pensó en la situación. Dolido llamó por teléfono a sus amigos que estaban expectantes. De repente sonó el timbre. Pablo abrió la puerta de la planta baja de Ambrosetti 882 y vio a Victoria.
En la escena, el no abre la puerta, se queda inmóvil mirándola a través del vidrio…
-Por favor, abrime. (Le ruega ella con lágrimas en los ojos) No te entiendo!.
-Ya se que fallé. (Perpetúa Pablo en el eco del resonante hall de entrada)
Un vecino abre la puerta y el viento de ese pasillo de luz tenue se lleva el sonido de su voz, quebrada por el abatimiento. Victoria aprovecha y araña el marco para evitar que la puerta se cierre. Pasa la barrera y llega a Pablo, que inmediatamente cierra los ojos. Ella lo besa tiernamente en la boca…
A partir de ese día, Pablo nunca más volvió a cocinar. Quizás ya no tenía ninguna necesidad de conquistar a “alguien”.
Augusto Bautista Candulo (ABC)
1 comentario:
Candulo, tu pluma hace maravillas.
Segui convirtiendo los bytes en arte!
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