sábado, marzo 15, 2008

Musica sin palabras

Ayer me sorprendió la tarde con la armonía de Morricone. Sonaron varios mensajes en mi teléfono, que imploraban lectura impacientes. Me volvió a sorprender la noche con bajos de Pastorius. Los nombro como si hubieran sido amigos o familia. Cotidiano, siempre hago lo mismo. Hasta a veces me siento amigo o familia y se me escapa una lágrima como si hubiera formado parte de ciertas creaciones. Me creo una nota de un pentagrama, hecho con un poco de todos. Sufro cuando se derraman algunas notas perdidas de algún viejo conocido o alguno de esos de los que me creo conocido o amigo y hasta a veces familia. Alguna vez se me cayó por error alguna lágrima en algún teclado propio, escribiendo palabras ajenas. Pocas veces me caí sobre una lágrima dormido, sonoro golpe de la pesada materia como caida de lluvia, cantaro que previamente había derramado sobre un teclado propio generando al fin una impronta prestada. Motivado por algún temor de regalo o quizás mío, por alguna miasma de terceros a veces propia, caen sin parar frases y párrafos de lo mas profundo del manantial, de lo mas alto de mi cielo nublado atestado de vapor, fuerza de maquinaria que empuja.

Hoy no se bien porque, pero escribo motivado por esas sensaciones, que provienen de aquella música que escuche. Aparte hoy también fui victima de mi caracol, desde el estribo hasta la helicotrema, hasta el último ápice de cilios que vibraban al son de Beethoven. Esto me ocurre por escuchar y no es una oda a la música, sino a lo que esa música quiere decirme. Hablo de lo que me deja en la memoria el paso de la gente. Cada uno que me toca y digo me toca porque realmente me empuja y hasta me cambia el rumbo, cada uno de estos personajes que alguna vez me tocaron y me empujaron, que me hicieron entender que la vibra de mi oído no es solo una onda de presión, que va mas allá de la acústica, me introdujeron en el mundo de “Fantasía”, me prestaron el estado de “Anhedonia”, me dejaron eco de ciertos números de ciertas sinfonías, me rescataron de un “Continum” de cosas malas, me introdujeron a “Donna Lee” y demás otros motivos para atestar de coraje al que no escucha con lo que expongo.

Nuestros padres, nuestros hermanos y nuestros amigos a veces nos dejan ver la música en sus caras. Nos dejan volver a ver sus caras escuchando música. Se mantienen presentes de alguna forma. Nos dan el momento para llorar a solas pero con ellos.
La música es más que música para mí. Porque algunos que no puedo tocar, de una forma maravillosa me dejan sentirlos y es mas que tacto lo que excitan. No todos pudieron interpretarla, pero algunos me permitieron conocerla. Otros la interpretaron y la dejaron en mi memoria como parte de ellos. Uno en particular me mostró el Rock, Suéter, a mi amigo Pastorius, me hizo creer en Vaughan, me rompió el coco con el blues y hasta escribió canciones para mis allegados haciéndome creer su amigo.
Mi papa se volvió loco para que escuche música clásica y hoy tanto después, Beethoven me hace escribir y nunca le di el gusto de verme escucharlo. Muchas veces pensé que no podía por el solo hecho de recordar. Ahora se que cada cuestión tiene un momento y este es mi momento, para expresar el dolor, la alegría, la compasión, el afecto y el orgullo. Tiempo de retribuir algo de lo que me han dado. Por eso, para perpetuar en los que me leen la sensación que tengo escuchando lo que espero que corran a escuchar, para que me recuerden alguna vez y me llamen o para que se sientan como yo cuando se acabe mi tiempo de enseñar y enseñen lo que aprendimos de aquellos que nos lo enseñaron…


Augusto Bautista Candulo (ABC)
Para los que alguna vez me mostraron su música

No hay comentarios.: