Cuando se calienta el piso en el momento en que toco,
la punta de tus dedos que rascan con ímpetu de fiera.
Me siento liebre en la helada de nuestras mañanas.
Cuando escapa a chorros el agua que cae en la helada,
después del sol de la mañana a las nubes vaporizada.
Atrapado caigo decepcionado en la tristeza de mis actos.
Cuando toco en las sombras del bosquejo de tu cuerpo,
esa cálida, receptiva y genital bienvenida,
calma la fiera, corre la liebre, explota un orgasmo,
y preso de la cárcel del pensamiento, me congelo de miedo.
ABC con hielo y brazas
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